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Cuento El loro enjaulado y nuestras jaulas

Visualiza una jaula delante de ti. Observa de que forma, tamaño y color es tu jaula. Visualiza si el lugar en el que se encuentra es conocido para ti. Intenta imaginártelo con el mayor detalle posible. Ahora observa esa jaula y colócate dentro de esa jaula. Observa y piensa qué es. Qué es lo que te enjaula, lo que te ata, a lo que te aferras.

Cuando lo tengas preparado hazle una fotografía mental y almacenalo en algún lugar de tu cuerpo. El cuento que te voy a relatar se titula el Loro enjaulado.


Esta es la historia de un loro que desde hacía un buen número de años vivía enjaulado. Su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía.

Cierto día, el anciano invitó a un amigo suyo a su casa a tomar té.

Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro.

Apenas habían pasado unos minutos, cuando el loro comenzó a gritar insistentemente: ¡Libertad, libertad!

Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad.

Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el hombre se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza de té. Al alejarse de la casa, seguía escuchando los gritos de libertad.

Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto lo angustiaba el estado del animalito que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando: ¡Libertad, libertad! Al invitado se le partía el corazón.

¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Rápido, se acercó a la jaula y abrió la puerta de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla mientras seguía gritando: ¡Libertad, libertad!


Intenta conectar con la imagen que antes has construido. Tu jaula.

Podemos pensar en que todos tenemos en lo profundo inconsciente del nuestro ser, bloqueos, jaulas que nos construyen, con determinadas piezas, instintos primarios, emociones negativas, oscuridad. Este concepto al que el psicoanálisis denomina sombra.

Conocer cuales son nuestras jaulas, cuáles son las partes enterradas de nuestro puzzle es un camino complejo que comienza con la toma de consciencia de su existencia.

Con paciencia, aceptando esas sombras, colocándoles luz podemos llegar a conectar con las libertad para salir de esas jaulas.

Así podemos armar nuestro yo con las piezas que te mantienen pleno/a.

Fluyendo ante el miedo a lo desconocido, a tu parte desconocida. Reconociendo esas partes como productos del ego y reconociendo que nosotros somos más.


Namasté, un gran abrazo :)


Cristina


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